- Este año recibe un homenaje en la Universidad de Cádiz. ¿Cómo sienta eso de ser agasajada tan joven en una materia además tan poco atendida socialmente como es la poesía?
- Resulta curioso que te homenajeen en el mismo sitio en el que estudiaste y licenciaste. Es un honor que no sé si merezco, sinceramente. Aún tengo mucho que demostrar, así que me lo tomo como una muestra de apoyo más que como otra cosa. Y, por supuesto, me siento muy agradecida.
- ¿Qué le lleva a decantarse por la poesía en lugar de la narrativa, a sabiendas de los problemas que conlleva para su difusión?
- No tengo conciencia de haberme decantado nunca por una u otra forma literaria. Tengo un libro de relatos publicados y estoy acabando mi primera novela. Lo que sí es cierto es que la poesía me ha permitido experimentar más allá de cualquier límite. Me siento cómoda en la poesía, siento que me permite ser y expresar todo lo que pueda ser políticamente incorrecto. Antes hablabas de lo poco entendida socialmente que está la poesía, mi sensación es que aquello que implique un mínimo esfuerzo por parte del receptor (sociedad) es apartado rápidamente de nuestras vidas. El modelo social que hemos establecido es el de la falta de lucha. El mensaje que se manda siempre desde los medios, la política, es: aparte de su vida aquello que no pueda entender en menos de un segundo. Intentan convertirnos en consumidores irreflexivos, en votantes conformistas, en ciudadanos de segunda, y lo más triste, es que lo están consiguiendo.
- ¿Están surgiendo en España nuevos poetas de talento?
- Por supuesto. Hay una nómina de mujeres que están haciendo una poesía muy interesante: Begoña Callejón, Carmen Camacho, María Eloy-González, Ana Gorría, Carmen Garrido, Ana Tapia, Raquel Lanseros… En hombres: Javier Vela, Juan Salido-Vico, Alberto Santamaría, Mario Cuenca Sandoval… La poesía no está muerta, lo que ocurre es que las editoriales están apostando poco y mal por ella.
- ¿Se atisban signos generacionales en esos jóvenes poetas del nuevo milenio, señas de identidad?
- Creo que es una generación que anda entre el nihilismo y la necesidad de aferrarse a algo. Dirás que eso lo han vivido todas las generaciones poéticas, pero lo que nos diferencia es que no encontramos adónde asirnos.
- Los grandes sellos editoriales dicen que la crisis está afectando mucho al sector, ¿a la poesía llegan esos problemas, o ya era algo tan poco comercial que estas cuestiones no le duelen?
- Tengo un amigo novelista al que ciertamente le va bastante bien y siempre se queja de la llegada del libro digital, de cómo afectará eso a los derechos de autor… Pregunte cuántos poetas están cobrando los derechos de autor que las editoriales se comprometen a pagar bajo contrato. Hace mucho que la poesía no interesa a las editoriales, pero aún así la crisis nos ha afectado porque si antes se invertían dos euros en poesía ahora se invierte cero. Incluso hay muchas editoriales que están pidiendo dinero a los poetas por publicar. Me parece una vergüenza. Si un poeta es malo, no se le publica, y si es bueno y quieres publicarle, es inmoral pedirle dinero.
- ¿Cómo se defiende la poesía, cómo se divulga, teniendo en cuenta el escaso apoyo/tirón comercial?
- La poesía ha vuelto a su casa: los bares, las calles… Creo que el gran error “comercial” fue intentar encerrar a la poesía entre las paredes de los ateneos. Sólo en la calle, con la gente, el alcohol, la vida, tiene sentido la poesía.
- ¿Internet ayuda a dar a conocer a nuevos valores, o es el poeta un artista más apegado al medio tradicional?
- Hay de todo. Lo que no se puede seguir vendiendo es la imagen del poeta como un ser humano enfermizo, triste, al borde del suicidio siempre, encerrado entre libros, alejado de lo humano… Somos de carne y hueso, tenemos necesidades (más que cualquiera, quizá), nos gusta el cine, el fútbol, las cervezas con los amigos, etc (no necesariamente todo a todos). Muchos poetas están en Internet, se están distribuyendo a través de este medio casi en exclusiva porque no es sólo un problema de las editoriales, sino de todo el engranaje comercial: las editoriales no apuestan por los poetas, los distribuidores no quieren distribuir poesía, los libreros, cada día, acotan más sus espacios y los lectores no aceptan que les hagan pensar.
- De varios de sus libros de poemas surge, entre otras, la idea de que la vida se adapta a nosotros, pero de manera momentánea, fugaz, para dejarnos después con alguna herida. ¿Es inevitable?
- Creo que nos engañamos creyendo que la vida se adapta a nosotros, pero no es cierto. Hace muchos años escuché a Joaquín Sabina decir algo así como que aquel que se crea feliz es que es gilipollas. Cuando escuché aquello pensé que aquel tipo estaba mal de la cabeza. Yo debía tener diez años. Hoy, con treinta y seis entiendo lo que quería decir. La vida no es compleja, lo complejo es aceptarla. Permíteme que recurra a otro cantautor que creo que lo explica perfectamente, Serrat: “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”.
- ¿Cuáles diría que son las señas de identidad de su obra?
- La honestidad y la libertad.
- ¿Y sus principales referentes, sus autores de cabecera?
- Soy muy ecléctica en poesía: Anne Sexton, Alejandra Pizarnik, Sylvia Plath, Gloria Fuertes, José Hierro, Ángel González, José Ángel Valente, Leopoldo María Panero. En cantautores (pues son parte del panorama poético de este país): Sabina (ahora que hemos recuperado, al menos en el último disco, al letrista de verdad), Víctor Manuel, Serrat, Aute, Serrano, Álvarez.
- ¿Cómo es su relación con las musas? Solemos conocer el proceso de creación de los narradores pero, en su caso, ¿cómo concibe y trabaja los poemas? ¿Tiene rincones de inspiración o trabajo? ¿Rutinas o ceremonias de terminadas?
- Normalmente encuentro algo sobre lo que quiero escribir, algo que realmente me golpea el estómago y que no me deja dormir, pensando en ello. Después comienzo el proceso de creación que tarda bastante. Cada vez que llego a algún lugar nuevo necesito crear un despacho, un espacio íntimo para mí. Finalmente, siempre termino escribiendo en el salón, tirada en el suelo, o sentada en la mesa, en el sofá. No espero a la inspiración, aunque sé que existe y, en muchas ocasiones, ya me encuentra ella.
- Junto a los libros de poemas tiene también publicados relatos, y ahora ha decidido enfrentarse al desafío de una novela. ¿Le está costando el cambio de registro? ¿Mantendrá la novela las claves temáticas, el espíritu que preside su obra poética?
- Lo que más me cuesta es la falta de concentración de sentimientos e ideas que es una de las claves de la poesía. En cuanto a mis claves personales, la novela estará cerca de mi obra poética, respetando las reglas del juego, claro. Nunca fui una niña de hacer trampas, pero sí de aprovechar cualquier accidente geográfico para no ser eliminada del juego.

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