En 1998 se cumplía el centenario del nacimiento del poeta y premio Nobel Vicente Aleixandre. En 2007, el 30º aniversario de la concesión del Premio Nobel y en 2009 el 25º aniversario de su fallecimiento. Los actos institucionales en recuerdo de uno de los mayores exponentes de la Generación del 27 y, recordémoslo, uno de nuestros pocos premios Nobel, brillaron por su ausencia. Un manto de desprecio y olvido se cierne sobre Aleixandre sin que podamos llegar a entender las causas. Parece ser que el exilio interior que sufrió gran parte de su vida no es suficiente para que se le perdone el hecho de haberse quedado en España durante los años de la dictadura. ¿O es acaso que el nombre de tan ilustre poeta resulta molesto a nuestras administraciones públicas porque inevitablemente trae al recuerdo la sangrante situación en la que se encuentra su casa en la antigua calle madrileña de Velintonia?
Afortunadamente, la historia pondrá a todos en su sitio y sepultará en el olvido, no a nuestro gran poeta, sino a nuestros mediocres dirigentes que nada hicieron por honrar su memoria.
Asunción García Iglesias (El Mundo)

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